Suele ser habitual que los turistas de todas partes del planeta conozcan lugares icónicos como el Gran Cañón del Colorado o el Rio Missisipi. Ello se debe a la gran presencia de dichos enclaves en las producciones de cine y televisión y a la consiguiente fama que ello les ha hecho adquirir.

Bryce-Canyon

 

Pero hay otra serie de lugares que, si bien no han contado con la “suerte” de ser protagonistas de espacios audiovisuales de tirada internacional, también cuentan con importantes argumentos para ser considerados tesoros naturales de indudable interés para el visitante. Este es el caso del Bryce Canyon (Cañón Brice).

Situado en Utah, y con una extensión de nada menos que 145km2 el Bryce Canyon es un parque Nacional de los Estados Unidos que se caracteriza por su formación no como un cañón propiamente dicho, sino más bien un gran anfiteatro de roca erosionada. Además, el Bryce Canyon no sólo destaca por su llamativa forma, sino que también lo hace por sus increíbles estructuras geológicas, que simulan chimeneas y que también son fruto de la erosión generada por el viento y el agua a lo largo de los años.

Es especialmente espectacular para el turista debido a su colorido, rocas rojas, blancas y naranjas pintan un paisaje ya de por si peculiar y consiguen algunas de las mejores postales de la región.

Para conocer el Bryce Canyon tenemos nada menos que 8 senderos perfectamente identificados y marcados y que se pueden recorrer en apenas un día de excursión, eso sí, sólo para las piernas más entrenadas.

Conocer algunos lugares del Cañón como la Cueva Mossy, el Bristlecone Loop o el Navajo Loop, valen de sobra la pena y sobretodo, son impresionantes no sólo en la primera visita, sino también en la segunda y sucesivas.